¡Es la izquierda, estúpido!

Por | Tasio Oliver.

El espectro social se concreta, pero el espacio político y electoral de una izquierda renovada sólo puede crecer si se dan los pasos necesarios: ahora, si cabe, la más valiosa apuesta que podemos hacer es ofrecer opciones de cambio desde la izquierda, sensatas pero ambiciosas, aunque trascendiendo y actualizando el modelo de partido.

 

De repente afrontamos una asamblea federal, la undécima, de cuya comisión organizadora formo parte, junto a otros compañeros y compañeras, con apariencia de ser la última oportunidad de una IU que está firmemente decidida, en cambio, a repensarse, actualizarse y apostar por un nuevo espacio de encuentro que genere, al mismo tiempo, nuevas sinergias, aglutine a más gente y trascienda la actual IU (y el nombre o paraguas no debe ser obstáculo pero tampoco ser considerado como una obsesiva rémora), tal y como la conocemos hoy día manteniendo al mismo tiempo lo mejor de IU, tal y como la hemos venido fortaleciendo en los últimos 30 años.

Desde un punto de vista meramente personal, creo que el quid del éxito de este proceso reside en la capacidad que tengamos para entablar un nuevo diálogo con la sociedad, (esa que está ahí fuera, y no la de otro lugar, y esa que está ahí justo ahora, y no de otra época). Un nuevo diálogo con códigos, herramientas, actores y características adecuados, distintos y más ricos, que aborde lo organizativo; lo político; lo ético; o lo social, con fórmulas concretas…¿Ejemplos?

Organizativo… ¿Por qué no reforzar la pluralidad y democracia internas, eligiendo a los equipos dirigentes bajo fórmulas de democracia directa y universal que, además permitan la creación de equipos mixtos, cruzados, amplios y abiertos? ¡Adelante!

Político… ¿Por qué no definirnos políticamente de modo que abramos nuestro espacio, en el día a día y no sólo cara a las elecciones, a la convivencia de partidos, ideas y gentes de distinta tradición, y no sólo, a las post-marxistas, como aquellas de las que provenimos muchos/as de nosotros/as y que tienen más que ver con el socialismo de izquierdas o el ecosocialismo que con ningún espacio marxista? Juntas. ¡Vamos a ello!

Ético… ¿Por qué no superar las a veces tan patológicas y cainitas relaciones internas, formación de bloques, y dinámicas grupales poco constructivas, estableciendo mecanismos y códigos de comportamiento interno de estricto cumplimiento que fomenten la fraternidad, solidaridad y compañerismo del interno, y también del entorno, de Izquierda Unida? ¡Seguro que es posible!

Social… ¿Por qué no romper barreras simbólicas que nos impiden relacionarnos y dialogar socialmente en nuestro día a día, y desde el lenguaje, tono o relato de nuestra comunicación, y hasta el reforzamiento de herramientas como las redes directas de solidaridad o la atención finalista y concreta de las personas que más nos necesitan? ¿Por qué no hacemos política desde la pedagogía social, de forma más profunda y compleja, y no desde la simple proclama? Y estas últimas propuestas son necesarias.

Todo ello pasa, además, por definir y trascender debates y objetivos que siguen vivos y que nos lastran y coartarán sobremanera en tanto en cuanto no sean resueltos. Uno de ellos es el de la ansiada Unidad Popular. Mucha gente recuerda la opinión que expresé, y aún mantengo, sobre los pasados procesos de Unidad Popular (quizás lo pude decir de una forma más acertada, pero nunca más sincera y honesta): me parecieron artificiales y fracasados, y la última salida tras una fallida política de encuentro con otros/as que a muchos/as nos tenía descolocados, perdidos, poco informados y bastante desilusionados, cuyo resultado hemos cosechado luego. Eso no es culpa de nadie; han sido decisiones colectivas.

Pero (el primero) … ¿Qué hubiera sido si desde junio de 2015 hubiéramos empezado a apostar por reforzar un espacio nítido de izquierda alternativa, sin dejar de aspirar al encuentro pero para acudir a él en condiciones de mayor fortaleza?… Pues nunca lo sabremos, como tampoco sabremos lo que hubiera ocurrido si hubiésemos celebrado primarias en las elecciones Europeas. Pero (el segundo), aunque nos podemos hacer una clara idea, ¿acaso importa ya, excepto para aprender acerca del futuro?

Es decir, ¿trabajando por esa Unidad, y siendo deseable que se de, si no depende tan sólo de nosotros, y finalmente no existe o se concreta y es refrendada desde el primero y hasta la última de nuestras militantes, debemos seguir trabajando esa línea política?

Yo creo que hay que centrarse más en todos los deberes de actualización que tenemos con respecto a nosotros/as mismos/as, para luego ir al encuentro con otros siendo más atractivos, nítidos, fuertes y que por lo tanto nuestras ideas y propuestas políticas, estén más presentes, sean más sanas y tengan más aceptación y comprensión socialmente.

De la definición y participación conjuntas, tras el debate de toda la organización (y entorno), de un modelo que resuelva estos déficit, y dirima estas contradicciones, algunos/as se sentirán (nos sentiremos), más o menos vinculados al nuevo actor político que vayamos a cuadrar y más o menos ilusionados con la mucha, y muy interesante, tarea que

nos queda por hacer. De su incumplimiento vendrán la desafección y la oportunidad perdida.
Una de esas memorables viñetas de Mafalda, que desde pequeño arrastro dentro de ese enorme saco de esquirlas recordadas que cada cuál sostiene a sus espaldas, reza así: “Hoy quiero vivir sin darme cuenta”; pues bien, justo lo contrario creo que debiéramos afrontar, hoy, ya, ahora, debemos encarar el futuro haciéndonos cargo, echándole cuenta, tanto a los retos que tenemos por delante como a las llagas del pasado que debemos sanar. No ha lugar al adanismo.

Público.es

 

Gaspar Llamazares

  

Montserrat Muñoz

  

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