El modelo económico de España no es sostenible a medio plazo.

Por | Carlos Berzosa

La salida de la recesión y la consecución de tasas de crecimiento durante varios trimestres consecutivos están siendo objeto de una euforia excesiva, tanto en el partido de gobierno como entre los dirigentes de las grandes empresas.  En las esferas del poder económico y político actual todo se mide por las tasas de crecimiento, la marcha de la Bolsa y los resultados empresariales.

 

La simplificación del discurso económico dominante, transmitido por los principales medios de comunicación, resulta alarmante, entre otras razones porque el funcionamiento de la economía responde a criterios más amplios que las variables mencionadas.

En los análisis que predominan se considera que el crecimiento, aunque sea leve, es positivo por sí mismo, y no se entra a estudiar las bases en los que se sustenta ese crecimiento, y mucho menos en cómo se distribuyen los beneficios de este proceso económico.
Se supone que el crecimiento por sí mismo traerá más empleos y que la marea que sube beneficiará a todo el conjunto de la población, aunque se admite que en grados distintos.
Las diferencias salariales que siempre existen será consecuencia de factores ligados a la preparación profesional, méritos, esfuerzo, capacidad de emprendimiento, entre otros factores, lo que en definitiva responde a la contribución que cada uno hace a la producción.
En suma, que cada uno recibe lo que merece.

 

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