Rajoy y el PP: Sostenella...

Por | Gaspar Llamazares.

Los hidalgos en el Siglo de Oro jamás rectificaban, les iba el honor en ello. Se mantenían en sus trece en incluso desenvainaban la espada. La despedida de Mariano Rajoy resume su presidencia: se va como llegó y como ejerció: inasequible a la molesta realidad, soberbio con quienes trató como súbditos, magnánimo con los suyos e inmisericorde con los que inexplicablemente se le han opuesto.

De nuevo, con su soberbia habitual y talante displicente, ha cuestionado a quienes han provocado su caída mediante una moción de censura, apoyada, según él, por extremistas independentistas y radicales sin proyecto. El mal llamado “gobierno Frankestein”. Tan mal llamado que, finalmente, ha sido un gobierno monocolor de centro izquierda con algunos independientes, pero sin asomo de las sensibilidades políticas que apoyaron la moción de censura. Esta es su fortaleza y, probablemente, al tiempo su debilidad.

De nuevo la propaganda frente a la realidad nos deja, esta vez como herencia, una nueva etapa de deslegitimación de la moción de censura y, por ende, del nuevo Gobierno, como ya ocurriera con el primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Una oposición del rencor sin el menor resquicio para la tan manida responsabilidad de Estado. Es la marca de la casa de un partido que se cree en posesión del poder y lo ejerce con talante absolutista, considerando a cualquier otro partido de gobierno como un usurpador.


Rajoy ha dejado su magnánima condescendencia para sus compañeros en la dirección del PP, a quienes ha agradecido su “lealtad inquebrantable” y les ha reconocido madurez para decidir sin tutelas sobre el sucesor de una forma, esta vez sí, ejemplarmente democrática. Una referencia envenenada, más en clave de pasado que de futuro, destinada a su predecesor en el cargo, José María Aznar, sin reparar que el destinatario de tan poco democrática elección digital había sido él mismo.

Todo un dechado de exaltación de virtudes partidarias, si no fuera porque en ese preciso momento se volvía a condenar al PP por financiación ilegal, en este caso en la Gürtel de la Comunidad Valenciana. Sin embargo, de nuevo ni una referencia a la corrupción ni una mínima valoración autocrítica. Mucho menos, algún ánimo de regeneración.

Es de esperar, pues, que el PP continuará con la negación numantina de su red corrupta de financiación, reducida a algunos casos de personas que ya no forman parte del partido, acusando a jueces periodistas y oposición de calumnias y actuando en consecuencia.

Todo ello con una intervención leída con estilo parlamentario, en el escenario institucional de partido poblado de cargos públicos y en una suerte de reivindicación simbólica del partido y del periodo de gobierno.

Nada importa que su gestión injusta y autoritaria de las crisis nos haya traído más desigualdad y pobreza, más precariedad e indefensión laboral, la situación más grave de división territorial y en las libertades públicas y una crisis de legitimidad democrática sin precedente.

Con estos mimbres, no parece que estemos a las puertas de ninguna refundación. Más bien ante el cambio de presidente y el mantenimiento del partido. Puro continuismo para sostenella y no enmendalla.

Gaspar Llamazares, promotor de Actúa

 

Publicado en Elboletín.com

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