Promover el odio.

Por | Luis García Montero.

Confieso en público que hay cosas que me parecen odiosas. Incluso estoy convencido de que es muy conveniente que una sociedad odie algunas cosas. Me parece odioso que unos militares se consideren con derecho a dar un golpe de Estado contra un gobierno democráticamente constituido. Me parece odioso que, cuando el golpe de Estado fracasa, esos mismos militares se consideren con derecho a vender su nación a canallas totalitarios como Hitler y Mussolini para convertir su levantamiento en una guerra internacional. Me parece odioso que Hitler y Mussolini utilicen España para ensayar los bombardeos y los crímenes que han previsto realizar en el resto de Europa contra la población civil.

Me parece odioso el bombardeo sobre la gente que huye de Málaga. Me parece odiosa la destrucción de Gernika. Me parece odiosa la columna de Yagüe porque aplicó las ejecuciones masivas a través de Extremadura en su camino hacia Madrid. Me parece odioso que Queipo de Llano decretara el terror sistemático sobre Andalucía. Me parece odioso que en Granada se ejecutase a García Lorca. Me parece más odioso todavía que en Granada se ejecutase a más de cinco mil personas no famosas por su genio literario. Me parece odioso que al final de la guerra, Francisco Franco, uno de los criminales más sanguinarios del siglo XX, eligiese el barranco de Cuelgamuros para elevar una gran cruz en memoria de sus hazañas como salvador de España y de la iglesia católica. Me parece odioso que utilizase a presos republicanos para hacer las obras en condiciones de trabajo esclavo. Me parece odioso que grandes empresas españolas se hicieran millonarias a costa de ese trabajo esclavo. Me parece odioso que el dictador mandase llevar allí los cadáveres de muchos combatientes republicanos que habían dado su vida por la libertad.

Me parece odioso que el parlamento democrático español haya sido incapaz de aprobar una resolución de denuncia contra el Régimen de un dictador que no sólo participó en un golpe de Estado y una guerra, sino que se mantuvo 40 años en un poder cimentado por la represión, las torturas y las ejecuciones. Me parece odioso que el Partido Popular se considere heredero del franquismo. Me parece odiosa la gente que dice con buena o mala intención que lo mejor es olvidar. Me parece odioso que exista una Asociación en defensa del Valle de los Caídos. Y me parece odiosa la existencia de un código penal que permita denunciar o imputar a alguien por hacer un chiste sobre la Cruz de los Caídos. Me parece odioso utilizar los argumentos del humor y el contexto. Me parece odioso que en España, en 2017, no se comprenda que hay motivos muy serios para descalificar y promover el odio contra las dictaduras, los dictadores, los militares golpistas y los cómplices de una matanza.

¿Ofensas contra las creencias religiosas? No conozco mayor ofensa contra la fe cristiana que la justificación de un golpe de Estado y una dictadura sangrienta. No conozco mayor ofensa contra la fe cristiana que el cerrar los ojos ante la tortura, el hambre, el machismo y la explotación de los seres humanos. No conozco mayor ofensa para la fe cristiana que una iglesia llena de prebendas, riquezas, concordatos y honores por llevar bajo palio a un dictador. No conozco mayor ofensa contra la fe cristiana que una iglesia empeñada en convertir sus sentimientos privados en dogmas de cumplimiento oficial. No conozco mayor ofensa contra los cristianos que trabajan con los pobres, los refugiados, los enfermos y los sin papeles, que exista un artículo del código penal capaz de convertir en ofensa una opinión libre sobre la cruz, las religiones, los dioses y sus sacerdotes.

Confieso también que mi odio tiene mucho de asunto profesional. Como profesor de literatura he tenido que explicar los versos del Libro de Buen Amor en los que se compara un odre de vino en el día de misa con un testículo a punto de eyacular. Y al explicar Poeta en Nueva York, he hablado de la maldición insultante y descarnada que lanzó Federico García Lorca contra el papa que había firmado un acuerdo con Mussolini. ¿Tendremos que eliminar de los temarios de la Universidad al Arcipreste de Hita y a García Lorca por culpa de cualquier asociación fascista o inquisitorial? Peligrosas son las leyes que le permiten a determinados jueces confundir su independencia con su machismo, su beatería o su extremismo.

¿Cuánto tardará la izquierda democrática en comprender que la tarea más urgente es desalojar al Partido Popular del poder para cambiar sus leyes penales, educativas y laborales? La igualdad es imposible sin democracia y la democracia es imposible en un país gobernado por los neoherederos del Valle de los Caídos.

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