Que la realidad no arruine un relato partidista.

Por | Gaspar Llamazares

Dicen que en tiempos de la ‘postverdad’ política, o directamente de la ‘mentira benéfica’ llamada desde Platón a Jonathan Swift, lo realmente importante no son los hechos, sino el relato. Hablamos en este caso del relato partidista.

 

Ante los primeros reveses sufridos por el Gobierno en el Congreso de los Diputados en relación al conflicto con los estibadores, la Ley Mordaza o la comisión de investigación sobre la financiación ilegal del Partido Popular, Rajoy se acuerda ahora del diálogo y del interés general para acusar a continuación a la oposición de provocar inestabilidad. Todo para anunciar la voluntad del PP de hacer lo posible e imposible por lograrla y evitar así una nueva convocatoria electoral que, por supuesto, no desean. Este es su más reciente relato, tan edulcorado como falso.

No es necesario esforzarse demasiado para recordar acontecimientos recientes que lo desmientan. El Gobierno es el único responsable de su derrota en lo relativo a los estibadores por haber dejado macerar el conflicto sin mover una paja. Aprisa y corriendo, aprueba un real decreto ley sin contar con un mínimo acuerdo entre trabajadores y empresarios y sin los votos necesarios para salir adelante. Más que a un ejercicio de diálogo, hemos asistido a una campaña orquestada de desprestigio para lanzar a la opinión publica contra una casta residual de trabajadores privilegiados y organizados, de esos del antiguo régimen, de los que casi no quedan, frente a una disyuntiva de precarización o multa casi ineludibles.

Y es que lo de construir relatos a la carta no solo confunde el término diálogo con el monólogo y la imposición autoritaria, también olvida los precedentes para no tropezar de nuevo en la misma piedra. Como rezaba “El arte de la mentira política”, el error garrafal se produce cuando el mentiroso se instala en la mentira hasta creérsela y operar al margen de la realidad. Porque antes de los estibadores portuarios fueron los controladores aéreos, también maltratados por privilegiados y a quienes se les aplicó un cierre patronal y una militarización vergonzosa para cualquier demócrata (más para quien se considera socialista). Con la estiba no hemos llegado tan lejos, pero el Gobierno debería haber aprendido en cabeza ajena el error para no volver a confundir su relato con la realidad.

Cambian los actores, pero lo ocurrido respecto a la Ley Mordaza es parecido. Las propuestas de reforma de PSOE y PNV han entroncado con el relato habitual del PP, basado en vetar primero para después quitar hierro al asunto por boca del ministro de Interior con su retorica jurídica. Porque algo habría que mejorar, claro, pero la ley ha cumplido satisfactoriamente su función… Olvida el señor juez que se trata de derogar una ley de sanciones administrativas desmesuradas que, en paralelo a la reforma del Código Penal, trataba de amedrentar y disuadir a la ciudadanía del ejercicio de sus derechos fundamentales de manifestación, reunión y opinión, al tiempo que les arrebata la última ratio del recurso a la justicia. El PP se vacunó frente al aumento de la resistencia civil a la austeridad que ponía en peligro sus objetivos reaccionarios. Además, muchas de las multas y acusaciones por desordenes estaban siendo anuladas por los tribunales de justicia.

Lo más sorprendente en este aparente revés al Gobierno ha sido la actitud de Unidos Podemos, que en una búsqueda forzada de la equidistancia rechaza la Ley Mordaza, pero tampoco quiere volver a la Ley Corcuera, cuando esta última fue derogada en buena parte por el Tribunal Constitucional.

Lo más reciente en esta sucesión de desavenencias para Rajoy es la probable creación de una comisión de investigación parlamentaria sobre la financiación irregular del PP, comisión que ha tratado de sustituir por otra genérica sobre financiación de partidos. Una vez más, construye su relato mientras el exsenador Luis Fraga se ha referido a los "papeles de Bárcenas" como "los papeles de Génova" ante el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga a los acusados por presunta participación en la primera época de la Gürtel.

Cierto que son solo victorias parciales y que por delante nos queda un arduo y largo camino, pero ignorar la realidad (o escapar de ella) nos puede distraer de lo fundamental, ponernos de acuerdo -toda vez que no lo conseguimos para gobernar- para frenar y desmontar la austeridad y el autoritarismo del Gobierno Rajoy. Al menos para que su obra no perdure. No demos la razón al clásico en aquello de que la mentira vuela mientras la verdad se arrastra tras ella.

 Publicado en nuevatribuna.es

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