¿Qué es lo que ha sucedido en la crisis económica?

Por | Carlos Berzosa

El gobernador del Banco de España ha anunciado una evaluación global del comportamiento de la institución que dirige durante la crisis financiera. A la vez en el Congreso se anuncia una comisión de investigación acerca de lo sucedido. Me parece muy bien que se haga todo esto, pues hasta ahora lo que se recibe son informaciones incompletas y contradictorias sobre la actuación del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. De hecho, el juez ha imputado a los dos responsables de estos organismos durante el desenvolvimiento de la crisis del sistema financiero.

 

Se ha tardado en reaccionar pero bienvenidas sean las iniciativas que aporten un poco de luz sobre la bancarrota de las cajas de ahorro. El rescate bancario ha costado miles de millones de euros al erario público, esto es a los ciudadanos. Además de este coste que nos afecta a todos, mucha gente ha perdido sus ahorros por la estafa de las preferentes. La gravedad de lo que ha pasado necesita esclarecerse y pedir responsabilidades a quien las tenga. No está en mi ánimo juzgar nada sino reclamar una transparencia en la información de los organismos responsables.

Los daños causados han sido demasiado elevados con lo que ha supuesto, además, de recortes en el Estado del bienestar. Ha fallado todo un sistema, desde los gestores, principales responsables, hasta los reguladores. Cabe preguntarse qué es lo que ha sucedido para que tal cantidad de despropósitos hayan conducido a una crisis que ha golpeado con fuerza a las clases sociales más vulnerables. El conocimiento de lo sucedido debe servir no solamente para pedir responsabilidades sino para aprender de cara al futuro. Hay que subrayar que los gestores de las cajas y responsables del control tienen elevadas retribuciones y cuentan con equipos, por lo general de buenos profesionales, cuyos miembros gozan también de buenos salarios.

¿Qué sucedió que nadie lo vio venir? Esto es lo más preocupante. Los gobernantes, economistas oficiales, gestores y reguladores, seguramente pensaron que la gran fiesta que se formó en torno a la burbuja inmobiliaria iba a durar siempre. El boom inmobiliario y la expansión financiera que lo alimentó permitieron ganancias rápidas y fáciles para grupos sociales determinados, mientras que aumentaba la desigualdad que quedaba un tanto encubierta por la expansión económica. Pero las burbujas siempre acaban explotando con mayor o menor intensidad pero se terminan. La vigilancia sobre lo que estaba ocurriendo fue muy laxa a juzgar por los resultados.

El Banco de España tiene un servicio de estudios que siempre ha gozado de buen prestigio por el elevado nivel de los economistas que lo forman. Se elaboran modelos econométricos sofisticados que sirven para analizar la evolución monetaria internacional y de España y como un instrumento para tomar decisiones. Sin embargo, estos modelos se quedan en la superficie del comportamiento de la evolución de la coyuntura y no se complementan con análisis más profundos sobre el destino de los créditos, esto es si se destinan a la economía productiva o a la especulativa. Fueron incapaces, por tanto, de entender lo que estaba pasando y por ello no pudieron advertir de los riesgos que se avecinaban.

Eso sí, se han dedicado a recomendar la flexibilización del mercado laboral, disminuir impuestos y reducir el déficit público, así como de alertar sobre el peligro que corren las pensiones, lo que suponen los salarios elevados para la competitividad y el endeudamiento público. Mientras que el peligro no venía por esos factores sino por el sistema financiero, las burbujas, la especulación, el creciente endeudamiento privado y el aumento de la desigualdad.

Esta ceguera no solo se dio en nuestro país sino que es extensible a todos los países y organismos internacionales que no encendieron las señales de alarma. Hay que preguntarse, en consecuencia, por qué gastar tanto dinero público en mantener servicios de estudios que con sofisticados medios y personal cualificado no son capaces de comprender el funcionamiento de la economía. El problema no ha sido solamente que no se advirtieran de los riesgos en los que se estaba incurriendo, sino que al coger la crisis por sorpresa, primero se minusvaloró, y ante la envergadura que tuvo no supieron cómo actuar. El modelo económico que utilizan no proporciona instrumentos para ello y se han dado respuestas sencillas para problemas complejos.

Los costes que toda crisis genera se ha tratado de resolver con las políticas de austeridad que han recaído sobre las espaldas de las rentas bajas y medias. Este modo de resolver las cosas ha supuesto que sean precisamente las víctimas de la crisis, que no solamente la han pagado con creces, sino que sobre sus hombros se está restableciendo la tasa de beneficio. Hasta ahora los verdaderos responsables aún no han pagado nada por ello.

 Publicado en nuevatribuna.es

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