NO al CETA, un acuerdo vergonzoso.

Izquierda Abierta (IzAb) lamenta que el Parlamento Europeo diese ayer luz verde al conocido como CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement), un acuerdo comercial global de nueva generación suscrito entre la Unión Europea y Canadá. Asimismo, expresa su tristeza al constatar cómo “la gran coalición” ha sido posibilitadora del mismo, votando ayer juntos y a favor populares y socialistas.


Y es que, a pesar de la propaganda de la Comisión Europea y de partidos políticos que han apoyado esta negociación, el CETA afectará a la vida económica y a la actividad de las administraciones públicas, gobiernos y estados. Es una auténtica constitución global al servicio de las empresas transnacionales e impondrá severas restricciones a la capacidad de acción de los gobiernos, principalmente a través de dos vías: la jurisdicción especial para resolver los litigios entre estados e inversores y la cooperación regulatoria. Ambos mecanismos sustraen el poder de control público democrático a la actividad económica de las grandes corporaciones en casi todos los ámbitos para otorgárselo a una jurisdicción especial con tribunales creados ad hoc.
Hasta ahora esta práctica ha significado el desembolso de miles de millones de euros o dólares por parte de los estados frente a las demandas de las grandes empresas. Hemos hemos conocido multitud de demandas de inversores que reclamaban miles de millones de dólares en indemnizaciones contra legislaciones y medidas gubernamentales de interés público que habían, supuestamente, mermado el beneficio legítimo de las empresas. Los litigios se han dirimido fundamentalmente en el contexto de las leyes contra el tabaquismo; la prohibición de productos químicos tóxicos; las políticas de lucha contra las discriminaciones; las medidas para favorecer la estabilidad financiera; las restricciones frente a proyectos mineros contaminantes, etc. La cooperación regulatoria significa la creación de instancias supuestamente técnicas al margen de los poderes públicos y del control democrático que velarán por que la estandarización de los productos siga viva de manera permanente.
Un acuerdo malo para el empleo y para el conjunto de consumidores
Según la Universidad de Tufts (EEUU), desde su aprobación y hasta 2023,los trabajadores sufrirán una pérdida media anual en sus salarios de 1.776 euros en Canadá y entre 316 y 1.331 euros en la UE (según país y escenario). Más de 230 mil empleos corren el riesgo de desaparecer de manera directa y el acuerdo contribuirá a consolidar y/o incrementar la dinámica de crecimiento de las desigualdades económicas en nuestras sociedades.
En relación con los consumidores, el CETA va en contra de su seguridad. Básicamente sustituye el principio de precaución -basado en la capacidad de las administraciones públicas para impedir la comercialización de un productos químicos, farmacéuticos o de otro tipo cuando pueda suponerse que no hay ausencia total de riesgo-, por el principio de seguridad científica, con el que el regulador público deberá acreditar “sin dejar lugar a la duda” los posibles riesgos inherentes al producto objeto de disputa. En este mismo sentido, el acuerdo también afecta a la seguridad alimentaria.
Pero además, la aprobación del acuerdo es posible, por ejemplo, que frene la remunicipalización de servicios ante la amenaza creíble de empresas que litigarán contra ayuntamientos, amparándose en la idea de que se atenta contra sus legítimos intereses.
Una dicotomía “tramposa” como argumento a favor del CETA
Son tales las evidencias constatadas en el texto del CETA, que la UE y Canadá firmaron un documento conjunto que expresa la intención interpretativa que debe darse a algunos de los articulados más polémicos. Sin embargo, dilemas jurídicos aparte, el documento no aclara prácticamente nada y las dudas generales se resuelven a favor de la concreción. Además, se ha generado una falsa dicotomía aprovechando la victoria de Trump, quien ha manifestado su rechazado a los acuerdos de libre comercio. La CE y algunos de los grupos de la Eurocámara han tratado de hacer valer que si estás contra el nuevo presidente de EEUU, estás a favor del CETA.
Desde IzAb consideramos que es una enorme irresponsabilidad dar a entender que la gasolina que ha alimentado el fuego de Trump servirá para apagarlo. Trump es resultado de la desolación producida por una globalización irresponsable, injusta y desigual. Acuerdos como el CETA o el TTIP facilitan argumentario a la extrema derecha e incrementan la desconfianza de las poblaciones en las instituciones democráticas y en la propia política. Y, como decíamos al principio, resulta doloroso que la socialdemocracia europea, y muy particularmente el PSOE, se haya sumado con tanto gusto como compromiso militante a votar sí al CETA. Su actitud beligerante en favor de este tratado o del TTIP evidencia su colaboración sin rubor con la derecha neoliberal europea.
Es llamativa la anomalía democrática actual: a pesar de que los 27 países deberán ratificar el tratado con sus legislaciones nacionales, el CETA se pondrá en marcha ya mismo, salvo algunas medidas.
Queda aún una nueva oportunidad para parar este despropósito: incrementar la movilización en nuestro país y producir una marea social que exprese claramente el rechazo de las mayorías sociales en España a este acuerdo. Y ahí estará IzAb, convencida de que este es un tratado vergonzoso.

 

IzAb opina

Almudena Grandes
Luis García Montero
Teresa Aranguren
Pedro Chaves
Tasio Oliver
Carlos Berzosa

Gaspar Llamazares

 

Montserrat Muñoz

Acceso usuarios

 

 

Exposición de Carlos Mínguez Prieto.

 

 

PRESENTACIÓN CON:

JESÚS MARAÑA, PALOMA LÓPEZ Y GASPAR LLAMAZARES.

Domingo 19 de noviembre, 12,30 horas

 

 

Vídeos de la presentación de Actúa

 

 

 

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