Cosas que tenemos pendientes.

Por| Luis García Montero.

Me voy a tomar tres licencias en este artículo. La primera es el uso del plural. Resulta peligroso proyectar las ilusiones y las deudas de uno en los sentimientos de un Nosotros colectivo. Pero también resulta inevitable cuando se trata de meditar sobre una forma de convivencia social. Allí donde existen los conflictos el Todo es imposible y, al mismo tiempo, la configuración de un Nosotros parece muy conveniente para defender una esperanza.

 

La segunda licencia será abstenerme de dar consejos. Desde que leí el ensayo sobre “El narrador” de Walter Benjamin, sé que ni siquiera la experiencia de la catástrofe da crédito en la sociedad de hoy a la hora de contar una historia. Uno de los ejes que articula la cultura moderna es el descrédito de la experiencia. Por eso creo más conveniente no dar consejos y limitarme a hacer memoria de cosas pendientes para un posible Nosotros. Las deudas que paso a enumerar no son rumores de internet, sino piezas constituyentes de la realidad que vivimos.

1.- El mundo del trabajo, fuente de derechos cívicos y de integración social, ha llegado a unos extremos de precariedad muy graves.

2.- Los contratos laborales son tan inconsistentes y los salarios tan pobres que cada vez hay más trabajadores con empleo que resisten bajo el umbral de la pobreza o al borde de la exclusión social.

3.- La brecha de género feminiza la pobreza y genera desigualdad sobre la desigualdad, hasta el punto de que la violencia machista no es más que la agresión bárbara que culmina un estado de perpetua injusticia.

4.- La soberanía de los Estados existe, pero está puesta al servicio de las élites económicas.

5.- El 1 % de la población acumula una riqueza desmedida a costa de empobrecer a las mayorías.

6.- Los oligopolios que controlan las fuentes de energía abusan económicamente de la población y retrasan la investigación y la puesta en marcha de alternativas sostenibles.

7.- Las instituciones públicas suelen convertirse en cortijos del gobierno.

8.- La corrupción está institucionalizada y la lucha contra la corrupción parece un tema que va a pasar de moda. El gobierno de hoy está formado por los corruptos de ayer.

9.- No existen medios de comunicación pública independientes que puedan equilibrar las informaciones interesadas de los medios privados.

10.- El tiempo de ocio de los ciudadanos, tan importante para una democracia como el tiempo laboral, se ha desplazado a un entretenimiento zafio, propio de la telebasura, que borra la conciencia crítica y la imaginación moral en favor del egoísmo de los bajos instintos.

11.- La educación no forma personas, sino que da información básica para crear mano de obra barata y gente manipulable, incluso cuando está furiosa.

12.- Destrucción de los servicios públicos como ámbito de solidaridad y conversión de la sanidad y la educación en un negocio.

13.- Ruptura de la movilidad social, porque las condiciones de vida hacen imposible un progreso que no tenga que ver con los distintos modos de delincuencia.

14.- Deterioro alarmante de la libertad de expresión y del derecho de huelga por medio de unas leyes mordaza que convierten en delito la disidencia social.

15.- Puertas giratorias que llevan de las élites económicas al gobierno y del gobierno a las élites económicas: hoy decido disparar sobre 15 náufragos que quieren llegar a las costas de Ceuta y mañana decido sobre el futuro energético de España.

16.- Uso del dinero público para pagar las deudas, las quiebras bancarias o las obras fracasadas de los más poderosos.

17.- Una fiscalidad que permite a los bancos y las grandes fortunas acomodarse en los paraísos fiscales y utilizar la legalidad para no pagar impuestos, desahuciar o legitimar zonas de sombra.

18.- Una Europa sin Banco Central real que endeuda a sus Estados en favor de las entidades financieras, es decir, una Europa sin Estado que no respeta a sus ciudadanos.

19.- Un mundo internacional peligroso en el que las peores realidades totalitarias se quitan la máscara y reciben el voto de unas mayorías convertidas por desesperación en enemigas de ellas mismas.

Y 20.- ….

El punto 20 lo dejo libre para que cada cual piense en lo que quiera según su vida cotidiana y su trato con la injusticia. Yo, por ejemplo, recuerdo que hay más de 800 millones de pobres y que mueren al día de hambre más de 40.000 personas en un mundo globalizado, que sustituye la generación de riqueza por la especulación.

La tercera licencia que me tomo es limitarme a enunciar deudas pendientes sin optar por una estrategia concreta para alcanzar el Estado (más que el cielo) que permita soluciones a corto y largo plazo. Como lector de Benjamin, también sé que, junto a la experiencia, está en descrédito el valor de la verdad. En cuanto se establece una discusión todo el mundo prefiere pensar que el otro no tiene su verdad, sino que pertenece a un entramado de mentiras, egoísmos, infiltraciones, ambición y mezquindad. La calumnia ha sustituido así a la fraternidad. No soy capaz de dar consejos para remediarlo. Por eso me limito a enumerar inquietudes que forman parte de nuestra verdad.

Las deudas económicas son una pesada carga. Las deudas humanas con nuestros sueños, sin embargo, suelen sacar lo mejor de Nosotros mismos.

 

Publicado en InfoLibre.es

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