Un proyecto para el encuentro de las izquierdas alternativas.

Documento de debate de la Conferencia política federal de Izquierda Abierta.

De dónde venimos y adónde vamos: la confluencia de las izquierdas como solución.

Nacimos como un proyecto de encuentro y con objetivos precisos: participar e impulsar la confluencia política y social; derrotar a la derecha y sus políticas austericidas e intentar crear una experiencia de organización razonablemente amable e integradora.


Los objetivos se deducían de un diagnóstico abierto respecto a la evolución de la sociedad y de la izquierda alternativa. El diagnóstico de que la izquierda alternativa había multiplicado sus experiencias organizativas e iba mucho más allá de IU. Dicho de otro modo constatábamos que IU no estaba en condiciones de representar en exclusiva a la pluralidad de proyectos políticos y culturales que habían surgido a la izquierda del PSOE. Pero también afirmábamos que el bagaje de lucha y compromiso social de IU eran un instrumento fundamental en el proceso de encuentro y confluencia con otras organizaciones.

En nuestra presentación oficial hace ahora cuatro años abundaron las palabras: "puente", "enlace" y esa voluntad de servir de nodo de conexión entre diferentes experiencias.
Nuestra convicción era que IU resultaba imprescindible en ese proceso de reconfiguración de las izquierdas alternativas pero que no podía pensarse a si misma como "vanguardia" del proceso ni como alma tuteladora del mismo.
Izquierda Abierta tuvo claro, desde el primer momento, el impulso transformador y radicalmente democrático que había emergido al calor del 15M; una ola de politización desconocida desde la transición democrática y que había impactado de una manera notable en nuestra sociedad. Una ola que estaba llamada a convertirse en una nueva referencia de nuestra vida política, como así ha sido.
Y defendimos siempre, que ese impulso innovador y radicalmente democrático debía ir acompañado de otras experiencias de lucha, de resistencia y de defensa democrática desarrolladas durante años en nuestro país: como el asociacionismo urbano alternativo; el movimiento feminista; el movimiento ecologista y proteccionista o el movimiento sindical de clase.
Nunca opusimos la participación en el movimiento de los indignados/as con las otras experiencias de lucha y resistencia, especialmente con el movimiento obrero. Y nunca tuvimos dudas de que los desafíos por resolver debían abordarse desde la izquierda.
Nos pareció evidente que la crisis había puesto de relieve hasta qué punto las políticas de la derecha habían producido un deterioro de las condiciones de vida y un retroceso de derechos desconocido en la reciente historia de nuestro país. No debía ignorarse el surgimiento de otras rupturas sociales que habían generado e iban a genera otras organizaciones y otras propuestas de representación. Pero el cambio político y social se encontraba, sin duda, en la capacidad de articular un bloque social y político en torno a un programa de cambio inequívocamente de izquierdas. Y ese bloque debía reconocer la pluralidad política, cultural y moral de las diferentes experiencias de resistencia que formaban parte de su cotidianeidad.
Pensamos entonces y lo defendemos ahora con más énfasis si cabe , que la idea de la negociación, el pacto y el acuerdo son una parte importante del legado que los indignados/as dejaron en nuestras plazas. Y que la lógica de la imposición, el sectarismo y la exclusión arruinaría los proyectos de encuentro o los dejaría desnudos con mucha rapidez de su principal valor: la pluralidad. Quien crea que el acuerdo se puede hacer a golpe de exclusiones, de bandazos, de decisiones amparadas en hiper-liderazgos ocasionales y mediáticos o de buscar con ahínco el enemigo interno, se equivocaba y se equivoca ahora mucho más.
El golpe del austericidio a las políticas del medio-estar presentes en nuestro país fue demoledor y ha continuado siéndolo hasta el final de la legislatura del PP.
Los datos posteriores no han hecho sino confirmar esta deriva sin límites de las políticas de la llamada austeridad y el control del gasto público. La política económica basura que se ha adueñado de las políticas públicas de la mayoría de los gobiernos europeos es la responsable de un incremento de la desigualdad desconocido en Europa y de un recorte de derechos sin parangón.
Si el análisis era este, la idea según la cual la lógica derecha-izquierda está superada o similar se parece mucho a un disparate. Esa perspectiva nunca fue la nuestra, pero sí la de reconocer que a la izquierda transformadora le hacía falta un buen trabajo de cambio, recomposición y renovación en muchos órdenes.
Si miramos el itinerario recorrido desde nuestra I Asamblea, hace ya más de tres años, debemos asumir que hemos desplegado un trabajo importante pero que los resultados, en relación con nuestros objetivos deseados, son modestos.
Nuestro principal valor en estos años ha sido el de intentar hacer real lo que enunciábamos como posible: prácticas participativas en la organización, apertura, amabilidad en los debates y en las discusiones, voluntad integradora y colaboración en el espacio de las izquierdas, incluida Izquierda Unida.
Fuimos los primeros en proponer, con ocasión de las elecciones europeas, unas primarias abiertas a la ciudadanía. Y en realizarlas en el seno de IzAb, tras el rechazo que esta propuesta encontró en IU. Nos sentimos orgullosos/as de esa experiencia que forma parte de un legado que, creemos, va más allá de nosotros mismos.
Creemos haber servido de referencia para el debate de la recomposición de la izquierda desde una perspectiva no dogmática, ni entreguista ni subordinada.
En este punto siempre hemos sido leales a nuestras convicciones: confluencia y articulación plural de la izquierda, SI; subordinación acrítica a otros proyectos, NO.
Debemos reconocer, no obstante, que Izquierda Abierta ha estado lejos de ser esencial en los procesos políticos que se han vivido, especialmente en los dos últimos años.
Con toda seguridad nuestra compleja situación a caballo entre el "fuera-dentro" respecto a IU, ha condicionado nuestras discusiones y no siempre nos ha llevado a tomar las mejores decisiones. Este es un punto sobre el que no podemos pasar si hacer una reflexión crítica.

¿Qué izquierda queremos seguir siendo?

Es obvio que el panorama político ha cambiado de manera espectacular en el conjunto del país y en la izquierda en particular. Es indiscutible que Izquierda Unida ha perdido el monopolio de la representación política estatal que ostentaba hasta el año 2014. Hoy ese espacio aparece más fragmentado que nunca y la irrupción de Podemos ha modificado las reglas del juego en el espacio de la izquierda transformadora.
La pregunta es sí creemos que eso cambia radicalmente nuestros objetivos o, incluso, porqué no preguntárselo, si eso nos hace prescindibles en el panorama de la izquierda alternativa.
¿Se han cumplido los objetivos para los que nacimos? A esto deberíamos contestar que claramente no; obviamente las circunstancias han cambiado pero los objetivos siguen estando presentes y, en algún caso, la intensidad de su exigencia se hace más llamativa.
Desde hace casi dos años vivimos una situación de desmovilización social creciente. La irrupción de Podemos y la expectativa de una derrota política del Partido Popular, junto al natural cansancio por años de resistencia social sin precedentes, han subordinado la movilización social a la capacidad de los actores políticos para llevar adelante las reivindicaciones planteadas.
En lo que hace al encuentro de las diferentes iniciativas de izquierda, hay que decir que éstas se han producido con éxito en algunos lugares alrededor de propuestas mixtas con un fuerte protagonismo de liderazgos sociales.
Pero al mismo tiempo se ha alejado cualquier expectativa de un encuentro más amplio y plural de la izquierda alternativa; de momento los procesos de confluencia y renovación parece que no dan más de sí o se transforman en procesos de integración subordinada de algunos componentes en Podemos.
Pero hay que decirlo claro: la integración en Podemos no resuelve el desafío de la confluencia política de las izquierdas alternativas.
Y esa expectativa resulta aún más necesaria habida cuenta del fiasco del PSOE y de la evidencia que este partido, en su actual configuración, es un obstáculo para hacer avanzar políticas de izquierda en España.
Izquierda Abierta no tiene dudas respecto a la utilidad de impulsar un proyecto de acuerdo, en diferentes niveles, de las izquierdas alternativas existentes. Y que ese acuerdo debe hacerse desde la igualdad y el reconocimiento mutuo.
Es incomprensible que IU renuncie a su patrimonio de lucha y experiencia política en unos momentos en los que tanto se necesita esa experiencia. Incluso como aprendizaje de los errores y las prácticas negativas que también forman parte del bagaje de IU. Por ejemplo: silenciar la voz a los militantes; fiarlo todo a un liderazgo personal y supuestamente carismático o autoposicionarse como organización única a la que las demás deben rendir pleitesía. Esos errores deberían servir de advertencia para no cometer los mismos en una experiencia auténtica de encuentro.
Digamos dos cosas con claridad: Podemos no es nuestro enemigo, ni mucho menos. Se trata de una organización que ha ocupado por méritos propios un lugar en nuestro escenario político y parece evidente que ha venido para quedarse. Y eludir esta organización en una reflexión sobre el encuentro de las izquierdas alternativas sería absurdo.
La segunda cosa, es que Podemos no puede ni debe ser el destino de ese encuentro necesario de las izquierdas. La práctica ha demostrado ya varias cosas: que se trata de la fuerza política que ha vivido un proceso de envejecimiento más rápido de nuestra reciente historia; que su capacidad de integración tiene límites muy claros y que, si bien, debe ser -si quiere- una parte inexcusable de ese proyecto, no puede pensarse a sí misma como la organización guía ni faro del mismo. Digamos, además, que la alergia que ha demostrado desde sus orígenes a la existencia de lo diverso y lo plural dentro de su misma organización es un obstáculo objetivo en el proceso de Encuentro.
Por otro lado, IU está en peor situación en este momento, sin que eso haga disminuir su papel ni su importancia.

¿Cuál es nuestra propuesta?

Nuestra propuesta constata que la situación política ha cambiado en el país y en el ámbito de la izquierda y que ese dato debe tenerse en consideración.
Creemos que la necesidad de reconstruir la representación de la izquierda alternativa debe figurar como una prioridad inexcusable para las organizaciones de izquierda y que ese proceso debe realizarse desde la igualdad y el reconocimiento.
Por otra parte, el legado del 15M ha dejado un capital que no puede ser dilapidad ahora en función de un realismo político de viejo cuño. Los procesos políticos que la izquierda alternativa debe acometer tienen que ser abiertos a la participación de la ciudadanía; deben ser constituyentes en el sentido de estar dispuestos a que la confluencia imprescindible tenga en cuenta la decisión de las gentes. Sin empoderamiento de la ciudadanía ningún proceso puede ya llamarse de izquierdas.
Creemos que IU puede y debe desempeñar un papel importante en ese proceso pero éste no puede ser ni subordinado ni basado en la renuncia de su historia.
Y defenderemos la bandera del pluralismo y de la diversidad en el encuentro de las izquierdas alternativas. La realidad de las voces que han resistido el tsunami neoliberal es diversa y plural y es mala estrategia tratar de confundir la legítima aspiración a la defensa de tus ideas con la vocación de que sean dominantes y únicas. Ese tiempo político está muerto. Por eso la cultura del pacto en la izquierda alternativa es tan importante y tanto como eso aprender a convivir desde la diversidad.
La transformación debe soñarse desde la respuesta a la pregunta: ¿cómo cambiar la realidad existente? Es decir, ¿cómo podemos hacer para acumular fuerzas suficientes y cambiar la realidad a favor de las mayorías? ¿qué política llevar a cabo y de qué manera para producir un giro que haga realidad un mundo mejor para la mayoría? Contestar estas preguntas es mucho más exigente que los píos deseos de quien se desentiende de la realidad para imaginar un mundo tan irreal como imposible.
Izquierda Abierta defiende la idea de un proyecto de integración supranacional democrático, social y ecológico. Y constatamos que esta Unión Europea se aleja a pasos agigantados tanto de esas demandas de derechos como de sus propios ideales originales. La UE de hoy se ha convertido en una máquina trituradora de derechos y en un componente esencial de las políticas de desmantelamiento de los estados sociales en Europa. Pero estamos convencidos/as que el repliegue nacional, la idea de una vuelta a supuestos valores radicados en los estados nacionales, es una perspectiva no solo defensiva sino irreal. Somos internacionalistas y no queremos volver al mundo de las confrontaciones de clase nacionales, cuando podemos y debemos pensar en reconstruir un modelo de acuerdo, colaboración y negociación supranacional. El estado nación no es un invento de la clase obrera, nuestra vocación ha sido siempre internacionalista.
Pero nos sumamos a la idea de debatir sobre este asunto con profundidad, no podemos eludir este debate ni mucho menos. Pero debemos hacerlo desde lo concreto, desde agotar las posibilidades de reforma de lo existente y demandar un “Proceso constituyente para una nueva Europa”. Creemos que determinadas afirmaciones y giros que, so pretexto de la responsabilidad de la UE, exculpan, de facto, a los gobiernos nacionales por sus responsabilidades, abona el camino a la extrema derecha o a modelos de integración estilo Gran Bretaña. Tan exquisitamente funcionales al capitalismo financiero internacional.
Por eso contestar a las necesidades reales a través de políticas de cambio de izquierda requiere del compromiso, de la diversidad y de la pluralidad. Y requiere de la participación de muchos actores diferentes: del tejido asociativo civil, de los sindicatos de clase sin los cuales el mundo del trabajo se quedaría sin representación real, del mundo de la cultura crítica y alternativa que llevan decenios poniendo límites a la voluntad hegemónica del pensamiento único. Otra vez lo diverso y lo plural.
Izquierda Abierta intentará representar un papel activo en ese proceso desde dentro de IU y también desde fuera de IU.

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